Los retos de la ola de desempleo que se avecina.

Daniel-velandia

Fuente: El Mercurio Inversiones

Fecha: 04-05-20

En medio de una informalidad que en Chile alcanza el 30%, son varias las preguntas que surgen desde lo estadístico y comunicacional.

Asimilar que la pandemia del COVID-19 nos conducirá a la peor recesión económica global desde la Gran Depresión de 1929 no es fácil y mucho menos lo es el aceptar que nuestras relaciones sociales no serán las mismas por un buen tiempo. Sin duda, estando en el momento más crítico de la pandemia en términos de pérdida de vidas e impacto económico, son aún mucho más las preguntas que las respuestas de lo que viene hacia adelante, si bien debe reconocerse que las prontas y firmes medidas adoptadas por las autoridades en buena parte de los países del mundo, incluido Chile, van en la dirección correcta para aplanar tanto la curva de contagio de la enfermedad como la curva de la actividad económica.

En los próximos días y semanas comenzaremos a conocer el verdadero impacto de la actual crisis sobre las economías de la región tras la publicación de algunos datos oficiales. En todo caso, información reciente de países desarrollados ya hace evidente la severidad de la situación. De particular atención ha sido el hecho de que 30 millones de personas en EE.UU. han aplicado por subsidios de desempleo en las últimas semanas, sugiriendo la posibilidad de que la tasa de desempleo alcance niveles cercanos a 20% en el corto plazo, lo que se compara con un 4.4% en marzo, aún cerca de los niveles más bajos de los últimos 50 años.

Indudablemente, esto es resultado principalmente de las medidas de distanciamiento social adoptadas para contener la pandemia, pero la gran pregunta es cuántos de estos empleos se perderán en definitiva tras la fuerte recesión. Sin duda, la efectividad de las acciones adoptadas y la duración de las medidas de aislamiento serán factores clave. Esto nos lleva a suponer que una tendencia similar (¿o peor?) será observada en nuestra región.

En general, Chile se encuentra relativamente bien posicionado en cuanto a los niveles de informalidad laboral, los que se ubican cerca del 30%, muy por debajo de países como Colombia (50%) o Perú (70%). Esto es relevante, por cuanto las medidas de aislamiento social afectan principalmente a las personas que viven del día a día, particularmente los independientes y cuenta propia.

Dicho esto, 30% aún es un número alto, representando cerca de 2,7 millones de personas. Los trabajadores por cuenta propia ascienden a cerca de 2 millones, cifra similar a los catalogados como ‘trabajadores de los servicios y vendedores de comercios y mercados’. Si se asumiera que la tercera parte de estos trabajadores no están realizando alguna labor actualmente, la tasa de desempleo alcanzaría 15% (8,2% actualmente). Por supuesto, este cálculo podría estar subestimado considerando que otros trabajadores informales, así como algunos del sector formal, podrían estar sin ocupación actualmente.

No obstante, son varias las preguntas que surgen desde el lado de medición estadística: i) ¿las personas que viven al día y que no están trabajando actualmente porque no pueden salir a la calle por las restricciones impuestas por las autoridades, realmente forman parte de la fuerza de trabajo aún sin poder buscar ‘activamente’ empleo? Esta definición es clave, porque el desempleo se mide como una proporción del número de desocupados sobre las personas en la fuerza laboral; ii) ¿cuándo se contestará la encuesta por parte de las personas? La semana de respuesta es clave; iii) dado que las restricciones de movilidad también aplican para los encuestadores, ¿las mediciones virtuales o telefónicas garantizarán la calidad de la información?; iv) ¿existe un incentivo por parte de las personas para responder que está desempleado y así obtener más recursos del gobierno mientras dura la crisis?

Sean cuales sean las respuestas a estas interrogantes, la realidad es que es probable que la tasa de desempleo alcance altos niveles en el corto plazo independientemente de si las personas están recibiendo ayudas del Estado, lo cual implicará un gran desafío comunicacional para las autoridades con el fin de evitar un impacto emocional negativo adicional sobre la sociedad en medio de la coyuntura actual. Es que esto, a su vez, puede conllevar a presiones indeseadas sobre las autoridades para reabrir la economía de manera más rápida de lo que podría ser conveniente.

Lo cierto es que de no producirse cambios metodológicos en la medición de desempleo, mientras duran las medidas de aislamiento (lo cual sería de esperarse), la tasa de desempleo en el Chile podría alcanzar niveles no observados incluso en más de treinta años. Sin embargo, estas altas tasas serían temporales mientras las restricciones sociales permanecen en vigencia, aunque lamentablemente es probable que miles de empleos no se recuperen pronto tras una contracción del PIB que prevemos en 3% este año. Por eso, en cualquier caso, será clave la comunicación de las autoridades a fin de mantener las expectativas de las personas lo más claras posibles.


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